No nos define la edad, ni los títulos,
ni el paso del tiempo.
No nos detenemos en lo que hemos sido.
Nos define todo lo que aún está por venir.
Seguimos nuestra curiosidad—inquieta, incansable y maravillosamente insatisfecha. Nos despertamos con preguntas, no con respuestas.
Buscamos a quienes sienten el mismo impulso. A quienes se levantan con ilusión y terminan el día con nuevas ideas.
No nos interesa detenernos.
Ni ahora. Ni nunca.
Somos los eternamente curiosos.
Somos los que nunca terminan.